14.3.11

Los científicos descifran los enigmas del ‘genoma oscuro’.

Hay un desconocido en el ADN. Los genes, que se consideran las instrucciones de funcionamiento del organismo, solo representan el 5% del ADN humano. Del 95% restante no se sabe casi nada. Sin embargo, los científicos están descubriendo que este mal llamado ADN basura juega un papel en muchas de las características de un ser vivo.

La semana pasada se hizo público el primer compuesto (la enoxacina) que inhibe el crecimiento de un tumor (en células y en ratones) actuando sobre este genoma oscuro . El descubrimiento se debe al equipo de Manel Esteller, director del programa de epigenética y biología del cáncer del Institut d’Investigació Biomèdica de Bellvitge (Idibell).

Otra condición sobre la que actúa ese ADN oscuro es el albinismo. Una persona albina tiene mutaciones en un conjunto de 14 genes, que inducen a cambios en su pigmentación. Sin embargo, en una clase de albinismo, esta condición se da sin ninguna mutación en el gen correspondiente. En estos casos, «los cambios se producen justamente en partes de ese 95% de ADN intergénico», explica Lluís Montoliu, investigador del Centro Nacional de Biotecnologia (CNB-CSIC) en Madrid y autor del descubrimiento. Se trata, en concreto, del albinismo oculocutáneo de tipo 1, que está asociado a una mutación del gen tirosinasa, que sintetiza la melanina. Pero el 25% de las personas con esta condición no tienen mutaciones en este gen, sino en su ADN oscuro .

AGENTE SECRETO

El ADN oscuro ha revelado su papel en otros muchos fenómenos. Su acción afecta al funcionamiento del cromosoma X en las mujeres, influye en la forma de la mano y se ha relacionado con el alzhéimer, la esclerosis múltiple y un tipo de sordera. «El ADN intergénico podría ser lo que nos hace distintos unos de otros», observa Montoliu. Por muchas variaciones que haya en el 5% de ADN que se corresponde a los genes, las diferencias en el 95% restante podrían ser más importantes. Incluso la diferencia entre especies podría radicar en allí. «Un ser humano tiene muchos menos genes que una planta de arroz, pero es mucho más complejo –observa Esteller–. La explicación de la diferencia debe estar en el ADN oscuro».
«A la luz de los nuevos resultados, tenemos que replantearnos el concepto de gen», afirma Montoliu. Los genes son esas partes del ADN que contienen las instrucciones para que la célula pueda fabricar proteínas. A su vez, las proteínas (como la queratina de la piel o la hemoglobina de la sangre) actúan en casi todos los procesos de la vida. Sin embargo, el ADN no es la simple secuencia de estas instrucciones. «Si cada gen es una palabra, en el libro del ADN hay muy pocas palabras con sentido, separadas por muchísimas más secuencias de letras sin sentido», explica gráficamente Juan Valcárcel, investigador del Centre de Regulació Genòmica (CRG) de Barcelona.

PALABRAS SIN SENTIDO

Ahora, los científicos empiezan a entender estas palabras sin sentido: creen que su acción principal es regular la expresión de los genes. Aunque no produzcan proteínas, generan otras moléculas que impiden o impulsan la acción de los genes. El fármaco estudiado por Esteller aumenta la producción de una de estas moléculas, que a su vez reprime la acción de un gen, que favorece las metástasis. «Cada tres meses se descubre una de estas moléculas: el sector está que arde», dice.

La acción de un gen está condicionada por porciones de ADN oscuro que no forman parte de él. «Los genes nos dicen la calle, el número, el piso y la puerta de un fenómeno biológico. Por el contrario, el ADN oscuro explica cómo es su barrio: los parques, tiendas, escuelas y demás servicios: conocer el barrio es más importante que fijarse en el piso en sí», concluye Montoliu.

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